miércoles, 30 de diciembre de 2015

Madrugada en la calle Real.


Ama.
Ríe.
¡Vive!
Goza.

Lucha.
Sufre.
¡Grita!
Llora...

Recuerda.
Siente.
¡No olvides!
...Añora.

martes, 17 de noviembre de 2015

Compas de Espera.


Mírame, los años han pasado;
por ti no creo que nadie lo dijera.
Estoy subiendo a un tren que no tiene destino,
y cada parada se hace eterna.

                                                                                      Los Madison.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Otoño en la calle Unión.


Por todo el camino
de mi barrio a tu barrio
cómo convencerte
venía pensando.

                                              Enrique Urquijo.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Septiembre.


Mis ojos se quedan clavados en esa gran portada azul y oxidada que hace chaflán. Y luego la mirada se me transforma en la de un crío que traspasa esa puerta. Septiembre.

Sé de lo que hablo, te lo aseguro. Yo estuve allí.

Mañanas tibias. Tardes de luz. Cielo diáfano, transparente. Cuadrillas embadurnadas de sudor, de mosto, de cansancio. Aroma de vendimia que embriaga irremediablemente. La senda de los elefantes avanza con parsimonia hasta volcar en la tolva la uva que el sin-fin hambriento devora con avidez. Las prensas giran quejumbrosas, pesadas, liberando el preciado néctar que recorre un laberíntico periplo hacia un lugar donde iniciar su particular metamorfosis en la intimidad. Fruto humilde y generoso que se transforma en elixir sublime que liban los paladares agradecidos.

Él está allí, lo vuelvo a ver. Mi padre. Joven, enérgico, delgado, hecho de fibra y nervio, camisa arremangada. Luchando con pericia contra la masa pegajosa que se resiste a ser engullida por la espiral metálica que da una vuelta tras otra provocando un ruido grave y monótono. Me ve, me sonríe, encuentra unos segundos para abandonar la faena y darme un beso. Huele a mosto dulzón. Como todo allí. Luego vuelve a la tarea dando instrucciones a los bodegueros para facilitar el volcado de los remolques y la deglución de su contenido por las entrañas de la bodega. Mientras, yo a un lado, sin querer estorbar, veo cómo desaparecen por el fondo del foso los racimos, unos dorados y verdes, otros rojizos y obscuros. Él me da un vasito de chato lleno del mosto exprimido para medir el grado de la uva que llega. Está rico.

Y las sombras se alargan, poco a poco, y se extienden por la explanada donde los últimos elefantes vuelven traqueteando a su senda para regresar a casa, vacíos y desfondados, expulsando nubecillas de humo por sus chimeneas. Los focos se encienden, y el lamento de las prensas conquista el silencio de una tarde en la que comienza a refrescar. La batalla, por hoy, concluye; y los guerreros, exhaustos, rematan las últimas labores. Él también. Se pone su chaqueta y me coge de la mano para volver a casa, canturreando casi en susurros una melodía indescifrable, mientras yo lo miro con orgullo. Hay que acostarse pronto, porque mañana seguirá la vendimia. Seguirá siendo Septiembre.

Te lo aseguro, claro que sí. Lo he vivido detrás de esa portada azul oxidada.

sábado, 1 de agosto de 2015

Luna de Agosto.



Luna de Agosto,
madre y señora del vino,
hazme encontrar el camino,
luna de Agosto. 


Hazme llegar a mañana
sin este sueño asesino,
madre y señora del vino,
luna de Agosto.


Tú que te bañas
en ese charco sagrado
lleno de mosto morado
que nadie puede probar.
 

Tira del carro
y rueda con ritmo lento
hasta que salga del barro
nuestro alimento.
 

Diosa dorada
al recibir tu mirada
crecen las sierpes y huyen
retorciéndose.
 

Luna de Agosto,
perla madura del cielo,
vengo a buscar tu consuelo
luna de Agosto.


En otros ojos de agua más
pura querría mirarme;
mas siempre vuelvo a buscar tu sonrisa
de sorna cruel.
 

Vela conmigo,

soy el insomne tu amigo,
dame tu antigua caricia
y conversación.

Reina del año,
que sea libre de daño
esta cocecha
para el futuro bebedor.


                                                                                                                 
                                                                            Santiago  Auserón. 





Nota: Esta imagen la tomé anoche, aprovechando que era luna llena, luna "azul" (fenómeno que se repite cada tres años) y que era la primera madrugada de Agosto. Nuestra misteriosa amiga estaba preciosa, con su halo de misterio, escondiéndose entre pequeñas nubes que insinuaban su contorno.

domingo, 26 de julio de 2015

Juan Alcaide.


Viajero sin destino,
vencido en un banco estás
descifrando raros mapas
con trazos de soledad.

Viajero, estás cansado
de tu maleta arrastrar
por veredas sembradas de versos
por las que no volverás a pasar.

Viajero Juan Alcaide,
el sosiego encontraste ya,
bajo el repique terco y gozoso
de las campanas de tu ciudad.

viernes, 17 de julio de 2015

El Quijote de Valdepeñas.


Quijote combativo,
en Rocinante achacoso,
buscaste en este pueblo
un hecho asombroso.
"En Valdepeñas hay un templo
viejo y majestuoso,
hogar de Nuestra Señora,
que no hay rostro más hermoso."
Y ante la Madre llegó, sin aliento,
el hidalgo ingenioso,
y quedó tan impresionado
por el gesto tan gracioso
que en Valdepeñas sigue velando
a la Virgen, orgulloso.

Este Quijote esté ubicado en la rotonda de la intersección de la Avenida Primero de Julio con la calle de la Virgen.

domingo, 12 de julio de 2015

Madrugada en La Avenida de Las Tinajas.

Foto: Miguel A. Tarancón, 2015.

Todo el mundo ya debe dormir,
yo estoy despierto
y las calles parecen sentir
lo mismo que siento.

 E. Urquijo.                                   

domingo, 5 de julio de 2015

Desde el Cerro de San Blas.

Foto: Miguel A. Tarancón, 2009.

Tardes de Primavera
en el Cerro de San Blas,
senda de pan y chocolate
que apenas recordarás.

Tardes de Primavera
dejando el tiempo pasar,
escuchando en su ladera
 el silencio de la ciudad.

Tardes de Primavera
y aires de libertad,
ensoñaciones pasajeras
en el Cerro de San Blas.

(Estos versos quieren ser un pequeño homenaje a esas tardes luminosas de nuestra niñez en las que los amigos subíamos al Cerro de San Blas y no había, entonces, aventura más excitante. En especial, al puñado de tardes en las que mi hermano mayor, que entonces terminaba la EGB, me llevaba con él a sus reuniones de pandilla en el Cerro, en las que planeaban minuciosamente la confección de una verdadera tienda de campaña a base de plásticos y grapas. Y yo los veía hacer y discurrir y me imaginaba dentro de esa tienda de campaña improvisada en arriesgadas acampadas más allá del Cerro, en los montes lejanos del Sur...)

martes, 30 de junio de 2015

El Ángel.


Ángel de las Aguzaderas,
valdepeñero desterrado.
Si el rencor te trajo un día,
el rencor te ha mutilado.

Ángel de las Aguzaderas,
valdepeñero desterrado.
Entre antenas escondido,
por tu pueblo olvidado.
Ángel de las Aguzaderas
valdepeñero desterrado.
Tú no pediste alzarte;
por lo ajeno has pagado.
 
Ángel de las Aguzaderas
valdepeñero desterrado.
Pobre de ti: tus paisanos
no perdonan tu pecado. 

sábado, 27 de junio de 2015

Estío.

Foto: Miguel A. Tarancón, 2012.

Campo dorado
de balas salpicado.
Es el Estío
que llega con brío.
La canícula avanza
por la tierra de labranza,
haciendo de la quietud
la más presente virtud.

(Esta instantánea la tomé camino de Daimiel, un caluroso mediodía de Junio de 2012).

jueves, 25 de junio de 2015

La libélula.


En la trébede de mis gachas
la libélula aterrizó.
"¡Ay! ¡Quién pudiera catarlas!"
con desmayo lamentó.

Pues no hay bicho en la tierra,
ni señora, ni señor,
que ayune habiendo gachas
sin sentir gran estupor.

(Durante todas las mañanas del verano de 2011 una libélula roja aparecía por el patio de nuestra casa, y gustaba la muy puñetera de posarse sobre unas viejas trébedes medio oxidadas, y algunos otros objetos metálicos. Grata compañía fue, con su elegante vuelo surcando el azul cielo de Valdepeñas.)